Be Happy Fest

Hace poco menos de un año, en lo que habría de ser el tiempo más extraño que he vivido, ni hubiera imaginado que algún día le daría un nombre así a un blog.

El encierro me trajo muchas cosas, casi todas retadoras

Decremento sustancial de los proyectos que proyectaba para 2020, mucho oficio en el hogar, mayor comunicación con mis hijos y mucho mucho tiempo para pensar.

Una idea rumiaba en mi mente durante los primeros días de confinamiento: debes escribir un libro. Ciertamente la idea me había acompañado por años, pero siempre tenía la disculpa perfecta. Carecía de tiempo. Ya en el pasado había intentado comenzarlo. Había diseñado varios prólogos, pero a la final ninguno me satisfacía. Pero esta vez y gracias a la pandemia, ya no tenía la excusa para continuar procrastinando.

Y un día de marzo hace casi doce meses, simplemente pasó. El texto comenzó así: “Mucho se ha hablado de la felicidad. Mucho se ha escrito sobre ella. Es así como cada quien encuentra un modo de entenderla y de compartirla con el mundo. Este es el mío”.

Quería condensar todo el conocimiento que había adquirido en unas cuantas páginas, pero la verdad es que una vez comencé y encontré mi ritmo, no hubo marcha atrás. Las palabras fluyeron, las horas se hicieron días y el escrito rápidamente superó mis mejores expectativas.

Creo que hay dos temas complejos a la hora de escribir: por un lado escoger el tema central que será el eje de todo lo que uno quiere compartir y, por el otro, darle un nombre a la obra que sea coherente con ese tema central.

Sabía que el tema de mi libro era la felicidad y tenía claro que lo quería hacer en un plano general, no solamente para el trabajo. Pero se imaginarán la complejidad de escribir sobre un concepto que es sumamente subjetivo para el ser humano. Si en un salón de conferencias, uno pregunta: “¿Qué es la felicidad?”, es casi seguro que obtendrá tantas respuestas como asistentes. Yo la verdad quería comenzar con la hipótesis de que la felicidad es una condición innata y se me ocurrió el término homo felicitas para dar cuenta de la especie homo que se dio cuenta de que su propósito más sublime es ser feliz
(felicitas). Pero con el texto casi concluido, me di cuenta con la editora que me ayudó en la época, que ese era un término muy académico y por tanto inadecuado ya que mi objetivo era enseñar la felicidad desde una perspectiva muy sencilla y práctica. Con ejemplos y analogías que todo el mundo pudiera comprender.

Entonces descubrimos el patrón común que estaba implícito en todo lo que pretendía enseñar: el elefante. Y adicionalmente, cuando la editora me sugirió leer el libro El Viaje del Elefante de José Saramago, aprendí un término que desconocía hasta ese momento: el cornaca. Aquella persona que conoce, maneja, alimenta y entrena a los elefantes.

Nunca pensé al leer el libro La hipótesis de la felicidad, de Jonathan Haidt, que la metáfora del elefante sería tan poderosa para efectos de explicar los procesos humanos conscientes e inconscientes y la fuerte conexión de esta hipótesis para explicar la felicidad y la infelicidad humanas.

Toda esta introducción es para compartirle esta sabiduría: la experiencia de un ser humano (usted o yo) es como un cornaca montado en su elefante transitando unas circunstancias de vida. Muchos estudios confirman que el comportamiento humano es en gran medida (más del 50%) acción automática inconsciente. Es una inercia potente que tenemos no solo codificada en el ADN, sino en la estructura de nuestro cerebro límbico, aquel encargado de nuestras emociones. A esta acción la llamo el elefante. Por otro lado, tenemos la acción consciente. Aquella en la que ejercemos nuestra libertad interior, nuestro libre albedrío para comportarnos de una determinada forma

Desafortunadamente, esta esta porción es solo algo cercano al 25%. A esta la llamo el cornaca. Lo poco que queda, créalo o no, son las circunstancias particulares en las que transcurre su vida.

Y es así como vivimos entre elefantes y cornacas. Algunas personas más conscientes y optimistas y otras más inconscientes y tóxicas. Finalmente es una postura individual. O como suelo enseñarlo: la felicidad es subjetiva y por lo tanto es la responsabilidad de cada uno.

Puedes vivir tu vida como una experiencia maravillosa y llena de oportunidades o pararte ante ella de una forma hostil y desafiante. ¿Quién quieres ser? Un cornaca llevado por los instintos de su elefante, seguramente infeliz. O un elefante domesticado por su cornaca consciente, probablemente lleno de gozo y bienestar.